sábado, agosto 01, 2009

Crónicas de Hernani , de Julián del Casal


En las crónicas que Julián del Casal escribió para La Discusión -amparado en su seudónimo Hernani- existe siempre la angustiosa relación entre el cronista, obligado a "escarbar diariamente el campo de actualidad, para hallar un asunto importante y ofrecerlo a la voracidad de los lectores", que compara su oficio, con el del domador que arroja pedazos de carne fresca a sus leones para que no lo devoren. Sin embargo, no hay lectura más actual que las crónicas de Casal. Precisado a reseñar la aparición del tenor Varela, contratado por el Sr. Palau, dice que el operático posee una "figura simpática" y está muy emocionado, pero en la misma crónica, se desborda en detalles al reseñar la fiesta de los Bomberos del Comercio. "La manera de incendiarlo estuvo ingeniosa". Y mientras, se nota, Hernani escribe de cumplido sobre el tenor Varela, sobresale que se contagia con la alegría de la fiesta popular. "Una rueda de fuegos artificiales, disparó sus petardos en el interior y este comenzó a arder. De pronto se ven surgir las llamas, las voces piden socorro, las tablas crujen, los muebles son arrojados por las ventanas, los bomberos atraviesan por las escalas, el humo se retuerce en densas espirales y el edificio es devorado por las llamas". La teatralidad del simulacro de incendio y de la fiesta. (Publicada el 30 de diciembre de 1889). "Un estreno y una fiesta". Julián del Casal. Prosas. tomo II 20-22. Edición del Centenario. Consejo Nacional de Cultura, 1963. Obra al cuidado de José Lezama Lima, Lorenzo García Vega y Mario Parajón.


En 1890 Julián del Casal asistió a un espectáculo de payasos que al parecer dio mucho que hablar en La Habana, ya que La Habana Elegante comentó que "se fueron los ministrels o payas del Sur de los Estados Unidos, muy contentos con el recibimiento que les hicimos, yendo a Tacón a aplaudir sus excentricidades, cantos y contorsiones".... y es que si "nuestras familias" fueron al teatro a reírse con los «negritos» "no hacían sino demostrar que están de ratas y Menegildas y chulapos ahitas" (III, 158). Pero a Hernani el espectáculo le aburrió, repugnó y casi lo enferma "como aburre, repugna y enferma a los que tienen un poco de gusto artístico todo lo que procede del pueblo norteamericano, de ese pueblo que dejó morir a Edgar Poe, en la miseria, que compra las obras de los grandes artistas, no para venerarlas sino para especular con ellas, y que no ha podido exponer, según los diarios parisienses, en la última Exposición de París, más que grandes máquinas, latas de conservas alimenticias y dientes postizos: me veo obligado a confesar, a fuer de imparcial, que los payasos norteamericanos, han gustado a la mayoría del público habanero, produciéndole la impresión más agradable que la empresa pudo soñar. "
La Discusión, jueves 27 de febrero de 1890, Año II, no. 214 . En Prosas. tomo II. La Habana: Consejo Nacional de Cultura, 1963:59-60.

Un texto de Pérez Cisneros sobre Claudel



Entre tantos textos perdurables de la revista Prometeo, las bellísimas notas al programa de Guy Pérez Cisneros sobre La anunciación a María, de Paul Claudel, que trajo a La Habana como parte de su gira latinoamericana, la compañía de Louis Jouvet. El texto de Pérez Cisneros -- que yo sepa no recogido en el volumen de sus críticas- es muy bello y en parte refleja la atención que merecerá el dramaturgo en Orígenes y la aparición de otras piezas que aunque paródicas --como Anuncia Freud a María, de Niso Malaret, publicada en Ciclón – tienen acaso una huella lejana de la sacudida que fue la presencia del francés en La Habana.

Viñeta de ¿René? Martínez.

lunes, enero 26, 2009

Máscaras y mucho ruido


Quizás deba sentirme honrada –recordada al menos– si en su prolija y documentada conferencia "Las máscaras de la grisura. Teatro, silencio y política cultural en la Cuba de los 70", dentro del ciclo de la revista Criterios, Norge Espinosa me cita más veces que a Luis Pavón Tamayo. Y pienso en Rine Leal que ya no está y su célebre «que hablen mal, pero que hablen». No he tenido el honor de haber sido «consultada», a pesar de mi demostrado interés por seguir con mis crónicas cubanas. El dossier de Primer Acto (no.311, 2005) terminó esa larga etapa y me confirmó que la relación más sana y útil que podría establecer con el teatro cubano sería estudiar su pasado. Cuando fui la última vez al Hubert de Blanck ya no conocía a los porteros ni ellos me conocían a mí. Era una extraña. Y como el teatro es transferencia, intercambio, gozo y no obligación, decidí por mi cuenta terminar la crónica puntual y ocuparme del pasado. En eso estoy. Ya también soy pasado.

Si reviso Prometeo es porque no lo hice antes y estoy a tiempo de rectificar no los errores que otros cometieron con Morín sino los míos. Y si publico las crónicas escritas entre 1969 y 1970 (están en En tercera persona: crónicas teatrales cubanas 1969-2002, Gestos, 2004) con veintitantos años, es por la voluntad de asumir mis preferencias, errores e ideas, todas o algunas ya sobrepasadas por el tiempo y el pensamiento y la lógica evolución de su autora y no sólo el libro «inocente» de 1983, mi recuento de lo que entonces creí una «experiencia» o un movimiento. Teatro nuevo: una respuesta es un libro testimonial a partir del impacto que me produjo ser espectadora de excepción del Teatro Escambray y el Cabildo Teatral Santiago, pero que está antes en mi prólogo a la recopilación de Carlos Espinosa al Teatro de La Yaya, obras de Flora Lauten (1981).
No soy de las que no quieren acordarse de lo que hizo antes, sino de las que intentan asumirse a partir de lo que han sido. De todos modos, es curioso que Norge extraiga una cita de una nota de exaltación y aprecio por el Guiñol que se publica en 1969 – ya el Guiñol tiene los cañones enfilados– para probar que estaba dándole lecciones de «política» al Guiñol. En primer lugar, el guiñol no las necesitaba, es obvio que no encontró otro material. Mi nota respalda y dignifica al Guiñol inventándose unas " dificultades" acaso inexistentes o haciendo un juego retórico. Si alguien se interesa por leerla completa, está junto a reseñas de espectáculos que entonces los críticos mayores ignoraron como Los juegos santos, de Pepe Santos, la Bernarda, de Berta, que no me gustó, En la parada llueve, de David Camps o La cortinita, de Raúl Macías, con su exergo de Raúl Rivero hasta hoy.. Y el Peer Gynt, de Vicente Revuelta, que se publicó en Pensamiento Crítico.

Como estoy en el pasado, reviso la década del ochenta y acabo de releer el libro que Carlos Espinosa prologó como Teatro juvenil (1986). Otro libro ¿inocente? Están Aquí en el barrio, de Carlos Torrens, Tema para Verónica, de Alberto Pedro, Proyecto de amor, de José González, Asesinato en la Playita de 16, de Esther Suárez y Los hijos, de Lázaro Rodríguez Paz. Obras que no se reponen y dudo que muchos relean. Pero como ha pasado el tiempo y soy la misma y otra a la vez, las releo con la atención que no puse entonces para encontrar claves de cómo éramos y qué pensábamos a través de personajes que viven en el momento en que ya se consideran rectificados los errores del quinquenio gris. No estaban rectificados todavía. No se me ocurriría extraer una cita gris de su grisáceo contexto.
Los errores no se rectifican con el descrédito o la descalificación. Cuando estudio ahora el pasado trato de escapar a la tentación de borrar de un plumazo. Cuando los dos tomos de El enigma de la leontina se publiquen, si es que se publican alguna vez, porque con esta propaganda... ni siquiera entonces habrá terminado el viaje personal de aprendizaje, equivocaciones y vivencias intransferibles que volvería a hacer probablemente menos acompañada, alánimo.

En un próximo blog escribiré sobre como el "teatro nuevo" ya viejo no fue una etiqueta calcada de los países socialistas.

sábado, enero 24, 2009

La Habana antes de Castro



Hoy se presentó en la Biblioteca Pública de Santa Mónica Havana Before Castro: When Cuba was a Tropical Playground (Gibbs Smith, 2008), de Peter Moruzzi, con un encuentro con su autor quien intentó explicar mediante diapositivas su fijación con la arquitectura modernista de La Habana. Uno más en la ya considerable bibliografía que nos explora desde el punto de vista turístico, como ese destino glamuroso y exótico en el que los historiadores del arte tienen un terreno privilegiado para ver in situ creaciones que en otros lugares han demolido. Allí estaban los arcos de Cristal de Max Borges y las cúpulas del Náutico, y sobre todo, los hoteles Riviera, Havana Hilton y Capri, centrales a la narración y el Prado antes y ahora y.... Aquí pueden explorar el volumen.

El encuentro, muy tranquilo y ameno, organizado por el capítulo del la Sociedad de Historiadores de Arquitectura en el sur de California no fue como el que el propio investigador describió, en la Biblioteca de Glendale, en el que cubanos con opiniones contrarias se exaltaron tanto, que hubo que llamar a la policía. Me interesa muchísimo e interesó a la audiencia, pero como ya saben, la Flecha espera encontrarlo en la biblioteca. También me intrigaron dos cosas: una un poco sospechosa para los que investigamos, el autor viajó una sola vez a la isla, en el 2007. También dio un enorme crédito a Eduardo Luis Rodríguez, pionero en el descubrimiento de estas obras y autor de la imprescindible Guía de La Habana. La guía es estupenda, veremos cómo es Havana Before Castro.....


jueves, enero 22, 2009

Viva la tierra que produce la caña


Gracias a la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España podemos revisar El Museo Universal que da cuenta de los "Alborotos en el Teatro Villanueva", en La Habana, el 22 de enero de 1869 con esta caricatura. Y en Google books, la obra de Juan Francisco Valerio que provocó los Sucesos de Villanueva cuando el actor Jacinto Valdés añadió subtexto, intenciones y gesto.

Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Aquí introduje 1869 y aparecieron El Moro Muza, La Esperanza y muchos otros.

martes, enero 20, 2009

20 de enero


El único periódico del mundo que no tiene en su primera plana la toma de posesión del presidente Barack Obama es el diario oficial cubano, por eso queridos lectores, que no sé cuántos tendré en la isla donde nací y amo, les digo que ha sido un espectáculo grandioso, indescriptible, a pesar de que lo he visto por la televisión y que incidentes menores (un poema muy mal leído por su autora Elizabeth Alexander), un patinazo del presidente del tribunal Supremo al recordar el juramento, o un controvertido vestido de Michelle –realizado por una cubana por cierto y que la Primera Dama lució con su osadía habitual– no impidieron apreciar lo más importante, los cientos de miles de personas congregados en el mall, con la esperanza de que un gran cambio se produzca en los Estados Unidos de América. Obama juró con su mano izquierda sobre la Biblia, en las escalinatas del Capitolio, ante más de un millón de personas que desafían el frío invierno de Washington. Aretha Franklyn. La bendición de Joseph E. Lowery. Quiero pensar que la mayoría de los cubanos de mi generación que aplaudimos a Jesse Jackson cuando nos visitaba, se alegren con la era de un presidente negro en la Casa Blanca.
Los que se adelantan a vaticinar que nada bueno puede recibir el pueblo cubano de los Estados Unidos --salvo las remesas-- no están aquí hoy ni leyeron los periódicos ni vieron las noticias en la televisión. La elección de Obama encarna esperanza. La audacia, la serenidad y la elocuencia de sus discurso ha renovado a la gente e interesado a las multitudes con energía particular. El día de su triunfo electoral festejaron en Harlem, Nueva York, Chicago, Kongelo, Los Angeles. Debía haber bailado La Habana donde un porcentaje altísimo de la población tiene la piel del color de Obama y sus antepasados en Africa. Los artistas -- supuestos a abrir brechas y caminos para el entendimiento-- no nos tenemos que adelantar sobre lo que pueda o no hacer Barack Obama por la relación entre Cuba y los Estados Unidos.
Ningún presidente va a cambiar lo que los cubanos no deseemos desde dentro. Y los cubanos deseamos una relación normal con nuestro país, sin restricciones de quiénes son nuestros parientes y nuestra familia, estemos o no allí, así vivamos a cientos de miles de kilómetros de distancia como una pequeña aldea de Kenia festeja el triunfo de Barack Hussein y a lo mejor ninguno de sus habitantes ha pisado alguna vez la Casa Blanca.

jueves, enero 15, 2009

Belkis Cuza Malé: Elvis y yo


La flecha -que hace rato quiere abrirse a firmas «invitadas y admiradas»– se congratula en publicar una colaboración que no necesita añadir nada más para presentarse.

Belkis Cuza Malé



Algunos no entenderán nunca mi fascinación con Elvis Presley. Supongo que tendrían que entender primero otras muchas cosas de mi vida espiritual para conocer las razones que me llevaron a investigar sobre el Rey del Rock and Roll y escribir y publicar mi libro Elvis: la tumba sin sosiego o la verdadera historia de Jon Burrows (E.Press/LLP, Miami 1994. Edición también en inglés). El libro es considerado ya un clásico entre los que defienden la tesis de que Elvis no murió el 16 de agosto de 1977, sino que fingió su muerte y vive escondido.
Me precio de ser una magnífica investigadora, quizás mejor que un detéctive. Estoy tan dotada para buscar cosas perdidas como un perro de aguas. Mi rastreo me ha llevado a descubrir piezas literarias insospechadas, como la novela publicada por una cubana desconocida durante mediados del siglo XIX, un libro para niños escrito por Cirilo Villaverde, y datos de primera mano que me llevaron a armar la biografìa de la poeta y pintora Juana Borrero y que publiqué en 1984 con el título El clavel y la rosa.
En el caso de Elvis, estoy segura de que he hablado y visto a Elvis, pero como respeto por encima de todo su voluntad de no hacer público datos que pudieran dar al trasto con su vida secreta, me limito a lo que considero me es permitido: que sus admiradores y fieles seguidores conozcan que está vivo y aporto pruebas de que lo que digo es cierto, como podrán comprobar en mi blog.
Pero para volver al tema que me ocupa ahora, el de por qué mi fascinaciòn con Elvis, les invito a que nos traslademos a la época de mi adolescencia. Estudio el bachillerato en una escuela privada –sólo para hembras– de Santiago de Cuba y no soy lo que se dice una fanática de Elvis. He oído en la radio su Houng dog y otras canciones, tan de moda entonces, y veo que en el Ten Cent de la calle Enramada venden monederos, llavines, y otras mercancías con su foto y su nombre. Hasta ahí.
Sólo que un día, durante el recreo, oigo una voz que me grita: ¨!!Elvis, Elvis!¨ Era Rosita, una compañera de curso. Extrañada, le pregunto por qué me llama así. ¨¿Es que no te has visto los ojos? Tienes los mismos ojos dormidos de Elvis Presley!!!¨. No, nunca me los había visto, pero desde ese momento tuve que reconocer que Rosita no se equivocaba.
Sin embargo, no era la primera vez que algo extraño me sucedía con Elvis. No recuerdo cuándo, pero tengo la impresión de que fue a principios de 1956. En una revista Vanidades de la época vi una foto de Elvis con su mamá y alguien que olvido, recostados a uno de esos fabulosos carrros que el cantante gustaba coleccionar. La foto no era en Graceland, pues todavía no se había convertido en su propietario, sino en la otra casa que tuvo al principio de su fama, en un elegante barrio de Memphis. Mientras miraba aquella foto mi tercer ojo recogió algo especial: no sólo yo conocía en persona a Elvis, sino a su madre, y me sentí como incrustada allí, en medio de todos ellos.
En realidad no descubrí mi conección espiritual con él hasta 1990, cuando sentí la urgencia de investigar si en realidad estaba vivo o muerto. Entonces se hizo clara para mí esa conección, comenzando con mi nombre: Belkis. Mi nombre contenía el nombre de Elvis. !Qué extraño!, quizás eso explicara la revelación de su supuesta muerte, que me me llegó viviendo yo en La Habana, la tarde del 16 de agosto de 1977, con aquel mensaje mental:¨Pon la radio para que veas quién murió¨. Y así fue, allí estaba en la Voz de las Américas la impactante noticia. Y aquellos sueños recurrentes sobre la tumba de un amigo rubio, a la que yo visitaba para limpiar de malezas, tenían que tener un significado muy grande, sólo que entonces yo no lo sabía.
Cuando en septiembre de 1991 visité la tumba de Elvis en Graceland, de pie junto a aquel alarde casi faraónico de monumentos mortuorios, pregunté a mi Espíritu si Elvis estaba enterrado allí. Quería recoger las vibraciones que emanaban de aquel sitio venerado por tantos. Pero sólo capté un silencio muy grande a mi alrededor, símbolo del vacío que atesoraba la tumba. Cuando me marché de Memphis sabía que iba a investigar la verdad y que no pararía hasta saberla. Durante mi visita a Memphis se me abrieron extrañamente algunas puertas y pude entrevistar a varios de los amigos màs cercanos de Elvis, incluso a su enfermera y a la sirvienta que lo vio por última vez y a la que él le pediría que le subiera una jarra con hielo a la habitación.
Mi investigación me llevó a los sitios más extraños y a conocer a la gente que se suponìa pudiera aportarme algún dato. Agoté todos los recursos a mano, indagué en agencias del gobierno, en varias oficinas que se ocupan de las licencias de manejar, en documentos de la época, en fin, en todo lo que me oliera a una pista cierta. Por supuesto, me leí la mayoría de los libros fundamentales sobre Elvis, y aprendí de memoria al personaje. Pero un dato en el libro de Larry Geller, su peluquero y estudioso de las ciencias ocultas y la metafísica, fue para mí esencial. Allì aparecía una foto de la carta natal de Elvis, hecha por un famoso astrólogo de la India que vivía entonces en California. Observando con una lupa aquel documento, descubrí que el dìa que yo nací estaba señalado como la fecha en que se producía una progresión astrológica en la vida del cantante. Elvis tenía siete años y según la astrología ocurrieron cambios ese dìa en su futuro. Como comprenderán, me sentí muy impresionada con aquella información.
No soy una astróloga, y no puedo decir con certeza qué significaba eso, pero sabía que era importante desde el punto de visto espiritual.
La historia no termina ahí y así lo cuento en mi libro. Sólo quería traer un poco de luz al motivo que me llevó a convertirme en una especialista en el tema de un Elvis vivo. Siendo una cubana y una intelectual, me siento muy honrada por haber sido escogida a veces para hablar del tema de Elvis, como lo he hecho en la BBC de Londres en dos oportunidades y en otros sitios. Como soy una persona vital, me halaga el poder aportar algo a la bibliografìa elvisiana, y a que se considere seriamente el estudio de uno de los artistas más grandes del mundo, y a un ser humano extraordinario.
Sólo quiero añadir que Elvis era un estudioso del tema esotérico, y solía cargar en cada gira con más de 300 libros sobre ocultismo y metafísica, y que durante el tiempo que estuve escribiendo mi libro sobre él tuve sueños reveladores que me aclararon mucho de su intrincada y fascinante historia.
Florida, enero 14, 2009.

Visitar el blog de la escritora.

La foto se publicó como inédita en El País. George Kalinsky, fotógrafo oficial del Madison Square Garden de Nueva York, encontró en su archivo cerca de 40 fotografías inéditas de Elvis Presley durante un concierto que ofreció en el famoso pabellón de la Gran Manzana en 1972, cinco años antes de su muerte.- AP - 10-04-2008.

lunes, enero 12, 2009

Carlos Pérez Peña

La clase de un actor es la cualidad de brillar no sólo él, sino el conjunto. Carlos Pérez Peña es uno de los actores más sensibles y versátiles, que ha recorrido casi todos los registros y participado en muchas experiencias, entre ellas, el Teatro Escambray. De izquierda a derecha Caridad Chao, José Ramón Marcos, Francisco Candelaria, Raúl Durán, Belinda Romeu, Estrella Guerra y Carlos en una escuela, en el Escambray, en funciones del Frente Infantil. ¿197..? Así que Carlos, aunque la última vez los dejé esperando en el Salón del Gallo, el asiento lo tengo reservado en el lugar de los mejores recuerdos. Te felicito por tu premio y comparto en tu honor alguna canción de Tom Waits.

La fotografía es de Pirole.

viernes, enero 09, 2009

El crítico y su avatar


Yahoo! Avatars

La flecha
... , algo temperamental, teatrera al fin, intenta acomodarse a los nuevos tiempos en que pareciera que todo –hasta nuestra intimidad– se comparte en las redes sociales. Allí nos presentamos no como somos realmente sino como avatares, virtuales, reinventados, para un mundo de fantasía -- donde el sufrimiento o la alegría no usa máscaras sino se expresa con emoticones y la gente real aparece no en el momento en que es desahuciada de su vivienda o en discusiones violentas con su vecino, sino con el disfraz, la copa en la mano, la sonrisa que Héctor Quintero llamaría de «dentrífico». Puro teatro que reemplaza el que experimentamos en la sala oscura, frente a actores de carne y hueso y que compartimos sin movernos del lugary sobre todo, sin entradas. Más seguro y en tiempos de crisis, más barato. Para quien ha pasado más de treinta de su vida adulta en el teatro o en las representaciones reales – calles, plazas, anfiteatros– es una sacudida y un aprendizaje.
Como siempre, parecen ser las marionetas las más dúctiles y más atrevidas para lograr un mundo poético.
Sin dudas, tiene aplicaciones increíbles para la enseñanza, el estudio y la arqueología del teatro. Porque si hoy entramos en el Globo, mañana podríamos desplazarnos al Buendía y pasado al Odin Teatret.
Y con lo carísimo que es Broadway, podría asistir a alguna función. Aquí no han olvidado a los críticos y les tienen asegurado su rincón.
Para esta ocasión reservé en Yahoo mi avatar como crítico teatral en jublilación.

jueves, enero 01, 2009

Ernesto Vilches en Cuba



Un lector me pregunta si conozco anécdotas de Ernesto Vilches, cuyo nombre mencioné en una crónica sobre el libro de Arredondo: La vida de un comediante. (Letras Cubanas, 1981). En realidad, menciones a la compañía de Vilches he leído muchas, entre otras, en las páginas de Efemérides de Enrique Río Prado  sobre el teatro lírico. Vilches actuó en varias ocasiones en Cuba. En la visita que Arredondo refiere en el año 1921, se supone que el actor español asistió a una de las funciones de la compañía de Alejandro Garrido en el Teatro de la Comedia (después cine Majestic). Representaban La tía de Carlos y el actor quedó tan impresionado con la actuación de Teófilo Hernández que, pocos días después, narra Arredondo, le regaló a Teófilo un abanico de varillas de plata con la inscripción «Al verdadero creador de La Tía de Carlos".
El libro de Bernabé es pródigo en incidencias entre bambalinas, de la petit histoire detrás de las candilejas.

Los invito a entrar en el sitio que construye su nieto Antonio Vilches y motiva esta crónica.

También  las deliciosas entrevistas "Los que pasaron por Hollywood", de Florentino Hernández Girbal.

Vilches trabajó también en la cinematografía argentina. Estas fotos lo acreditan como Padre Agüero en Juvenilia, de A. César Vatteone (1943) y La cumparsita, de A. Momplet, con Aida Alberti (1947) en el excelente sitio de la cultura argentina que he recomendado otras veces y que me hace añorar el día que los cubanos tengamos algo semejante.


Cuando escribí sobre el actor español Ernesto Vilches, no sabía que, asiduo del público, nuestra intensa relación terminó bastante mal, a raíz de la temporada que realiza en La Habana, en 1949, al parecer con una obra muy deficiente: "Un americano en Madrid", de A. Navarro. Un compatriota suyo, Luis Amado Blanco, es el primero en criticar la malísima comedia "sobre la incomprensión que de España se tiene detrás de los Pirineos", que reproduce Prometeo bajo el título, "Vilches y una lección". Dos números después, aparece en la revista – por lo general sobria en su crítica y medida en sus ataques– un artículo sorprendente, escrito por Jorge Antonio González, titulado "Otra vez Vilches", que reacciona no sólo contra la temporada adhiriéndose a los criterios de Amado Blanco, sino contra el rumor que Vilches pudiera ser nombrado director del Teatro Nacional, a raíz de una visita que hace al primer Magistrado Carlos Prío. Se denuncia la "epidemia Vilches" con trazos de degenerar en "enfermedad crónica". La comunidad teatral, según González, se indigna con el hipotético nombramiento, pueden traer – dice– directores especializados, americanos o europeos, y otorgar becas y hacerle una estatua al gran actor en un parque o ponerle su nombre a alguna calle..... pero " esa noticia sería como decirnos que se va a retirar el alumbrado eléctrico para sustituirlo por el primitivo sistema de velas." González aboga por matenerlo "alejado de nuestro ambiente, porque Vilches en teatro representa el pasado y el teatro cubano corre hacia el futuro, un futuro luminoso y grande, donde no tiene cabida lo arcaico y lo anacrónico." Al comediante le quedan cinco años de vida y todavía filma una película más. El Teatro Nacional no se inaugura hasta mucho después y quién sabe si una figura internacional como Vilches hubiese logrado hacerlo mucho antes. Aunque desafortunada – los cubanos en la crítica o no llegamos o nos pasamos– la nota de González expresa algo más profundo. En los cincuenta el teatro cubano no acepta ya al teatro español como meridiano.